martes, 19 de febrero de 2019

NO FUTURE, DEAD CHILDREN!


La humanidad había acelerado su proceso de extinción. 
Después de décadas desoyendo las amenazas sobre cambio climático, contaminación, sobrexplotación de recursos y, sobre todo, el no saberse estar callado cuando te dicen: “¿A qué no tienes cojones de lanzar tu armamento nuclear?”, habían convertido la Tierra en un yermo desolado y, en definitiva, en una inmensa roca inhabitable.
El ministerio de extinciones trazó un ambicioso plan para salvar a la humanidad. Enviar una nave al espacio con todos los supervivientes en estado de hipotermia profunda. Hasta ahora, ninguna de las sondas enviadas al espacio habían encontrado, al menos en nuestra galaxia, planeta alguno que pudiera albergar vida, así que la nave vagaría sin rumbo fijo con la esperanza de que la ecuación de Drake estuviera en lo cierto. Nuestro Sol es solo una estrella solitaria en la abundancia de 7×1022 estrellas en el universo observable. La Vía Láctea es solo una de entre las 2 000 000 000 000 galaxias del universo. Parecería entonces que debería haber plenitud de vida allí afuera.
La misión tomaría el nombre de “Arca de Nöel” por su parecido a la leyenda narrada en el antiguo testamento, porque el día elegido para partir era el 25 de diciembre y porque el encargado de poner nombres a las misiones se las daba de graciosillo.
Para pilotar la nave se eligió a niño muerto y niña muerta, dos hermanos que siempre habían soñado con viajar al espacio. Les costó años sacar la oposición pero, si de algo podían presumir era de ser la perseverancia hecha cadáver y de tener todo el tiempo del mundo de su parte. Una vez superado el pequeño hándicap de carecer de cerebro lo demás les fue rodado.
Fue muy valorado en su proceso de elección el que pudieran pasar horas haciendo las reparaciones pertinentes en la cubierta de la nave sin necesidad de usar un traje espacial. "En tiempos de crisis cualquier pequeño ahorro es bienvenido", proclamaron al unísono toda la pandilla de prebostes que se llenaron los bolsillos con las comisiones del proyecto.
 La única petición que hicieron los niños fue poder llevarse consigo a su perrita a la que habían llamado Laika en honor a aquella otra perra pionera de la investigación espacial (y de las muertes en el espacio, todo hay que decirlo).
—Control terrestre a niños muertos. ¿Todo va bien?
—Todo va dabuten —respondió niño muerto—, usando una famosa expresión de los ochenta que se había vuelto a poner de moda.
—Estamos mejor que en brazos —apuntilló niña muerta.
—Debéis corregir el rumbo. Os estáis acercando peligrosamente a la orbita solar.
—Lo siento, pero no vamos a hacer tal cosa. Estamos donde queremos estar. Mi hermana y yo llevamos siendo niños muertos desde hace muchísimo tiempo y estamos ya muy cansados. Nuestro destino es el sol.
—Pero, ¿qué decís, desgraciados?. ¡Sois responsables de la tripulación!.
—Tranquilo —interrumpió niña muerta. Vamos a poner la nave en piloto automático y nosotros usaremos la nave auxiliar. Los humanos han cometido muchos errores que les han llevado a encontrarse en esta situación pero siempre han conseguido, de un modo u otro, salir adelante. Estoy segura que la suerte estará de su lado.
—Maldita sea, no podéis…
Niño muerto cortó las comunicaciones, después miró fijamente a las vacías cuencas de su hermana y se fundieron en un gran abrazo.
Se acomodaron en la nave auxiliar en compañía de Laika. La perra no paraba de lamerles y, de paso,  aprovechar para mordisquearles los huesecillos del pie. Encendieron los motores y pusieron rumbo a su último viaje.
—Laika, vas a convertirte en un perrito caliente —bromeó niño muerto.
—Eres muy bobo —replicó niña muerta.
—No borraría ni uno sólo de los momentos que hemos vivido juntos. Ni los que pasamos vivos ni los que pasamos muertos.
—Yo tampoco, bobo.
La perra se colocó entre ambos y, mientras la nave se desintegraba, los niños la espachurraron formando un todo indivisible. Un segundo después, los tres formaban parte de la elemental esencia del cosmos.
El Arca continuó con su viaje por la galaxia en busca de un planeta en el que la humanidad pudiera tener un futuro. Por desgracia, la suerte no estuvo esta vez de nuestro lado.
Cuando estábamos aproximándonos a las lindes de la galaxia de Andrómeda, a 2,5 millones de años luz de nuestro punto de partida, nos abordaron, sin previo aviso, unos alienígenas que nos tomaron por una gigantesca promoción de congelados la Sirena.

The Nuevo.


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