La humanidad había acelerado su proceso
de extinción.
Después de décadas desoyendo las amenazas sobre cambio climático, contaminación, sobrexplotación de recursos y, sobre todo, el no saberse estar callado cuando te dicen: “¿A qué no tienes cojones de lanzar tu armamento nuclear?”, habían convertido la Tierra en un yermo desolado y, en definitiva, en una inmensa roca inhabitable.
Después de décadas desoyendo las amenazas sobre cambio climático, contaminación, sobrexplotación de recursos y, sobre todo, el no saberse estar callado cuando te dicen: “¿A qué no tienes cojones de lanzar tu armamento nuclear?”, habían convertido la Tierra en un yermo desolado y, en definitiva, en una inmensa roca inhabitable.
El ministerio de extinciones trazó un ambicioso
plan para salvar a la humanidad. Enviar una nave al espacio con todos los
supervivientes en estado de hipotermia profunda. Hasta ahora, ninguna de las
sondas enviadas al espacio habían encontrado, al menos en nuestra galaxia, planeta
alguno que pudiera albergar vida, así que la nave vagaría sin rumbo fijo con la
esperanza de que la ecuación de Drake estuviera en lo cierto. Nuestro Sol es
solo una estrella solitaria en la abundancia de 7×1022 estrellas en el universo
observable. La Vía Láctea es solo una de entre las 2 000 000 000 000 galaxias
del universo. Parecería entonces que debería haber plenitud de vida allí
afuera.
La misión tomaría el nombre de “Arca de
Nöel” por su parecido a la leyenda narrada en el antiguo testamento, porque el
día elegido para partir era el 25 de diciembre y porque el encargado de poner
nombres a las misiones se las daba de graciosillo.
Para pilotar la nave se eligió a niño
muerto y niña muerta, dos hermanos que siempre habían soñado con viajar al
espacio. Les costó años sacar la oposición pero, si de algo podían presumir era
de ser la perseverancia hecha cadáver y de tener todo el tiempo del mundo de su
parte. Una vez superado el pequeño hándicap de carecer de cerebro lo demás les
fue rodado.
Fue muy valorado en su proceso de
elección el que pudieran pasar horas haciendo las reparaciones pertinentes en
la cubierta de la nave sin necesidad de usar un traje espacial. "En
tiempos de crisis cualquier pequeño ahorro es bienvenido", proclamaron al
unísono toda la pandilla de prebostes que se llenaron los bolsillos con las
comisiones del proyecto.
La
única petición que hicieron los niños fue poder llevarse consigo a su perrita a
la que habían llamado Laika en honor a aquella otra perra pionera de la
investigación espacial (y de las muertes en el espacio, todo hay que decirlo).
—Control terrestre a niños muertos.
¿Todo va bien?
—Todo va dabuten —respondió niño
muerto—, usando una famosa expresión de los ochenta que se había vuelto a poner
de moda.
—Estamos mejor que en brazos —apuntilló
niña muerta.
—Debéis corregir el rumbo. Os estáis
acercando peligrosamente a la orbita solar.
—Lo siento, pero no vamos a hacer tal
cosa. Estamos donde queremos estar. Mi hermana y yo llevamos siendo niños muertos
desde hace muchísimo tiempo y estamos ya muy cansados. Nuestro destino es el
sol.
—Pero, ¿qué decís, desgraciados?. ¡Sois
responsables de la tripulación!.
—Tranquilo —interrumpió niña muerta.
Vamos a poner la nave en piloto automático y nosotros usaremos la nave
auxiliar. Los humanos han cometido muchos errores que les han llevado a
encontrarse en esta situación pero siempre han conseguido, de un modo u otro,
salir adelante. Estoy segura que la suerte estará de su lado.
—Maldita sea, no podéis…
Niño muerto cortó las comunicaciones,
después miró fijamente a las vacías cuencas de su hermana y se fundieron en un
gran abrazo.
Se acomodaron en la nave auxiliar en
compañía de Laika. La perra no paraba de lamerles y, de paso, aprovechar para mordisquearles los huesecillos
del pie. Encendieron los motores y pusieron rumbo a su último viaje.
—Laika, vas a convertirte en un perrito
caliente —bromeó niño muerto.
—Eres muy bobo —replicó niña muerta.
—No borraría ni uno sólo de los momentos
que hemos vivido juntos. Ni los que pasamos vivos ni los que pasamos muertos.
—Yo tampoco, bobo.
La perra se colocó entre ambos y,
mientras la nave se desintegraba, los niños la espachurraron formando un todo
indivisible. Un segundo después, los tres formaban parte de la elemental
esencia del cosmos.
El Arca continuó con su viaje por la
galaxia en busca de un planeta en el que la humanidad pudiera tener un futuro. Por
desgracia, la suerte no estuvo esta vez de nuestro lado.
Cuando estábamos aproximándonos a las
lindes de la galaxia de Andrómeda, a 2,5 millones de años luz de nuestro punto
de partida, nos abordaron, sin previo aviso, unos alienígenas que nos tomaron por una
gigantesca promoción de congelados la Sirena.
The Nuevo.

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